Tener pasatiempos en tiempos modernos

Juego con hilos de Chyoma

Hace unos años era normal que todos tuvieran algún que otro pasatiempo que no fuera escuchar música o tragarse una serie de Netflix en una tarde. Muchos practicaban algún deporte, hacían todo tipo de manualidades, escribían, pintaban... y se disfruta al máximo independientemente del resultado. Pero hoy día, tener un pasatiempo se siente diferente a hace unos años.

Lo primero es que tener un pasatiempo más allá de consumir contenido de otros otorga cierto nivel de status social. Ya no eres parte de la audiencia que se pasa las horas y los días viendo que hacen los demás a través de la pantalla, sino que te conviertes en una especie de protagonista de un «recuentos de la vida» a lo K-On! o Comic Girls. Si dices que escuchas música o ves series, la gente te mira con apatía, porque hoy día todo el mundo hace eso, pero si dices que haces journaling, practicas algún deporte o tocas un instrumento, la cosa cambia, pues se te otorga cierta personalidad y se te retira la etiqueta de NPC.

El ambiente actual, que nos hace perseguir la gratificación instantánea sobre la diferida, nos hace que nos decantemos por aficiones pasivas y abandonemos cada vez más las activas, es difícil mantener un equilibrio sano entre unas y otras, lo que a su vez hace que las primeras se vean tremendamente devaluadas en consecuencia.

En segundo lugar, actualmente la gente suele descubrir nuevas aficiones gracias a las redes sociales, lo cual nos abre un abanico más amplio, y podemos aprender a través de la inmensa cantidad de tutoriales que hay en internet. Pero el problema está en poder ver a tantas personas llevando acabo la misma actividad y viendo sus resultados, pues la comparación es casi inevitable. Esto afecta la capacidad de muchas personas para disfrutar de lo que están haciendo, pues consideran que si no lo hacen lo suficientemente bien no deberían siquiera atreverse a ello.

Pero ahí esta la gracia, practicar un pasatiempo no es algo que se haga con la intención de convertirse en un profesional y hacerlo todo perfecto, sino que se trata de disfrutar el tiempo dedicado en el proceso, incluso si el resultado es pésimo o mejorable.

My Ideal Desk de Carriedraw

Por último lugar, los pasatiempos parecen ser cada vez más caros. Antes podía ir al polideportivo a jugar al volley gratis, solo había que pagar para competir en la liga regional y era para sufragar la equipación. Ahora ese pago único que hacías antes para todo el curso, es lo que te cuesta una mensualidad.

Por otro lado, en aficiones como el journaling, el dibujo o la pintura, las redes sociales han impulsado el hiper-consumismo de manera muy efectiva: bolígrafos, pegatinas, washi tapes, cuadernos, rotuladores de alcohol, cajas de gouache... Quienes siguen ese contenido acaban viéndose influenciados a comprar todo ese material tan bonito, que este sea «aesthetic» es necesario para poder proseguir en la afición, porque sino pierden la inspiración. Así acaban comprando mucho más material del que pueden utilizar, y la perseverancia en esa actividad ni si quiera está asegurada. Un día se levantan, no les apetece seguir y, o se comen toda esa papelería con patatas, o la tiran o la venden o regalan por ahí.

Mis conclusiones son varias y claras. Hay que priorizar los pasatiempos activos, aquellos que nos estimulan cognitivamente, que nos hagan pensar y solucionar problemas, sentir una gratificación bien merecida. Pero al mismo tiempo, sin hacernos sentir culpables porque nos apetezca disfrutar de vez en cuando de una buena serie, un disco de música que nos guste, etc.

Al mismo tiempo, no frustrarnos demasiado si el resultado no es tan bueno como deseábamos, entender que mejorar requiere práctica y tiempo, y que si no disfrutamos del proceso, a lo mejor ese pasatiempo no es para nosotros y deberíamos probar algo nuevo.

Y en último lugar, ser realmente conscientes de lo que realmente necesitamos para llevar acabo nuestra afición, no caer en compras compulsivas e innecesarias. De hecho, contra más bonito sea el material, mayor miedo es el de usarlo y arruinarlo. Un cuaderno y un bolígrafo sencillos que nos hagan sentir cómodos nos van a ayudar a la hora de empezar y perder el miedo a la hoja en blanco, y si con el tiempo descubres que amas lo que estás haciendo y que has mejorado, puedes atreverte con otras herramientas más especiales pero bien seleccionadas.

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