Sin polillas en el armario
Mi madre me enseñó de pequeña a colocar sobrecitos anti-pollilas en cada rincón del armario cada vez que lo ordenábamos, porque si no podía apolillarse la ropa. Y a pesar de que usábamos los mismos saquitos durante años, perdiendo con el tiempo su eficacia, nunca he visto una sola polilla habitando el armario, es como si fuera la típica mentira que se les dice a los niños para conseguir que hagan algo. ¿Qué sentido tienen entonces esos sobrecitos? Pues no hace mucho, descubrí que lo de las polillas era cierto... en otra época.
Hasta mediados del siglo pasado, la ropa estaba compuesta por fibras naturales como la lana, el lino o el algodón, las cuales parecían ser un festín para las polillas, por lo que podías ir a echar mano de tu jersey de lana favorito cuando empezaba el frío y encontrar una colonia de estos insectos en él. En cambio, con el auge de las fibras sintéticas y los diversos procesos químicos que sufren fibras naturales como el algodón, nuestros armarios se han convertido en un supermercado estadounidense, pero con la diferencia de que las polillas no son tan tontas como para comer basura y veneno.
Vamos, que lo de colocar los sobrecitos es más por costumbre que por necesidad. Eso sí, desde hace unos años que vengo preocupándome de la ropa que me voy comprando cuando lo necesito, primero fue por la calidad cada vez más pésima, pues no me gusta gastarme dinero, por poco que sea, en algo que me va a durar dos telediarios. Y según fui investigando, me empecé a preocupar también por su composición, porque nos estamos envenenando poco a poco con ella.
Uno de los motivos más obvios es la liberación de microplásticos al lavar las prendas, los cuales acaban viajando por las aguas residuales, y como los filtros de las depuradoras no pueden filtrarlos, acaban llegando al mar. Los peces y otras especies marinas acaban ingiriéndolos, y nosotros a su vez también al comer pescado. Lo mismo pasa con animales terrestres e incluso con las hortalizas, pues los químicos que los plásticos liberan al suelo, son luego absorbidos por las plantas.
Por otro lado, las fibras sintéticas también pueden provocarnos efectos adversos con el contacto normal del día a día, pues absorbemos sus químicos a través de la piel, muchos de los cuales son disruptores endocrinos. Ya hay diversos estudios que relacionan las sustancias liberadas por el poliéster y otros con una reducción drástica de la fertilidad o problemas ginecológicos como la endometriosis, problemas cada vez más comunes en nuestra sociedad.
Por eso hoy día hay tanta gente que está prefiriendo volver a las fibras naturales, y a poder ser, a aquellas que no han sufrido procesos químicos en su fabricación. Al mismo tiempo ha surgido ese nicho de mercado y hay muchas marcas que ofrecen ese tipo de prendas, aunque en algunos casos, no están al alcance de todos los bolsillos.
Cuando vayas a comprar ropa, acuérdate de revisar la etiqueta en busca de los materiales, y ten eso en cuenta a la hora de decidir que compras. En donde más hay que priorizarlo es en la ropa interior: procurad que sea 100% algodón, si puede ser orgánico mejor, y sino del normal, ya que este transpira y podemos evitar malos olores y las condiciones ideales para infecciones bacterianas y fúngicas. Tampoco sucumbáis al impulso de tirar toda la ropa de poliéster, acrílico u otros materiales sintéticos que tengáis en el armario, podéis ir sustituyéndola poco a poco dentro de vuestras posibilidades.
Si vuelven las polillas al armario, al menos podremos tener la tranquilidad de tener un vestuario respetuoso con nosotros mismos y nuestro planeta. ¡Y volverán a tener sentido los saquitos anti-polillas!


Sabes muchoo y los gif son muy bonitos :3
ResponderEliminarA mi me gusta mantener toda la ropa ordenada y mirar si hay suciedad para limpiarla, soy muy organizado.
Es alucinante cómo nos han colado los sintéticos como si fueran progreso cuando en realidad vivimos envueltos en puro plástico. Que vestirnos con fibras de verdad se haya convertido en un lujo refleja lo mucho que hemos normalizado esta porquería. Al final la paradoja tiene miga: los bichos son más listos que nosotros a la hora de no meterse en el cuerpo algo que no es natural. Pero yo sustituyo las bolsitas de antes con ambientadores que dejan el armario y la ropa oliendo a limpio. Me encantan
ResponderEliminarSupongo que si aumentara la necesidad de tejidos naturales implicaría la necesidad de más ganado ovino. Más ganado ovino supone más animales comiendo rastrojos en el campo, y eso llevaría a menos incendios. No sería mala jugada.
ResponderEliminarCreo que tendría que haber una preferencia de la mayor parte de la población por las fibras naturales, y entre ellas la lana, para que aumentara el ganado ovino, ya que del actual se suele tirar porque los ganaderos no sacan ni para recuperar la inversión. Y reducir o acabar con la burocracia que impide meter a los animales a limpiar el campo.
EliminarOjalá se revalorizara ese sector, cuando reinaban los Austrias teníamos el monopolio de la lana merina porque es originaria de Castilla, estaba prohibido sacar las ovejas del reino o venderlas a extranjeros. Llegaron los Borbones y se pusieron a regalarlas a otros países, todo para que ahora sea Australia el principal productor de esa lana, y muy a costa del bienestar de esos animales, que los esquilan sin cuidado y les arrancan tiras de piel o incluso orejas.
Tu blog no se actualiza. Creo que es difícil volver a las fibras naturales la gente prefiere lo barato. Un beso
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