No pasa nada, es mejor eso que morirse

La hora del baño de Sarah Kay

Desde hace años que he ido desarrollando cierta preocupación por los tóxicos de los que estamos rodeados, ya sea porque los ingerimos a través de la comida o porque nos embadurnamos con ellos en forma de crema. Y aún viviendo con mi madre y sin tener el control total de todo lo que usamos en casa, he intentado ir reduciéndolos y concienciándola a ella también.

Me he estado ayudando de una aplicación llamada Yuka, que te permite escanear los códigos de barras de productos alimenticios, cosmética e higiene personal para analizar sus ingredientes y darles una puntuación. Y aunque es una buena ayuda, hay que decir que flojea cuando defenestra lácteos, por muy naturales que sean, por su contenido en grasa y azúcar de la lactosa, mientras puntúa como excelente un protector solar con un disruptor endocrino y varios alérgenos, que aunque intentan pintarlos de neutros, de que no suponen ningún problema mientras no seas alérgico a ellos, resultan que agravan tus alergias a otras sustancias. También me he dado cuenta que camufla carcinógenos, pues a veces no marca que el producto los tenga, pero al leer la explicación de algún ingrediente, ahí están. 

Nos escandalizamos con la época victoriana y su uso de polvos de plomo para tener el rostro pálido o las gotas de belladona para ojos brillantes y llorosos, mientras en la actualidad nos provocamos cáncer y patologías ginecológicas con tal de tener una piel de porcelana sin imperfecciones y prevenir el envejecimiento.

Sufrimos una epidemia de cáncer de mama, endometriosis, síndrome de ovario poliquístico, problemas de fertilidad, menarquías cada vez más tempranas. Problemas que antes ya existían pero de manera excepcional son ahora la norma, y no es solamente que ahora se hable más porque hay menos tabú, los estudios y los datos reflejan la relación entre todo lo que consumimos hoy día y estos padecimientos.

Relax en la bañera de Aida Zamora

Llevo un lustro mirando ingredientes, intentando siempre cambiar a la mejor opción que podía permitirme, y aún así estar plagada de alérgenos o que Yuka al tiempo cambiara la puntuación a peor cuando nuevos estudios independientes se publicaban. Y mi pregunta es ¿es realmente todo esto necesario? ¿De verdad merece la pena exponerme a tantos tóxicos con el único objetivo de tener una piel más bonita? Yo creo que no, me da igual si mi piel no es suave y uniforme, o si tiene imperfecciones o si empieza a mostrar los primeros signos de la edad. Como dijo aquella niña en la vuelta al cole del 2020: ¡No pasa nada, es mejor eso que morirse!

Así que he decidido tomar una decisión más drástica y dejar de usar aquellos productos no esenciales que posean sustancias nocivas u otras de dudoso efecto. Da igual que el envase esté lleno o medio, he decidido que no merecen la pena unos cuantos euros, pues no soy de comprar productos caros, a cambio de mi salud.