Muchas cortinas y pocos cimientos

September days de Maria Pawlowna Friesen


El otro día, de mera casualidad, encontré el canal de YouTube de un antiguo compañero de clase del instituto y por chismosa me quedé un rato curioseando a ver como le iba la vida. Tras indagar un rato descubrí que se dedicaba 100% a su canal haciendo contenido de los viajes que hacía por todo el mundo, lo que me hizo recordar que muchos de mis compañeros de ese entonces también viajan frecuentemente fuera de España, algo que yo no me puedo permitir pero a lo que no le doy demasiada importancia, pues siempre he sido un animalillo muy hogareño.

Sin embargo, el ver como uno de los mejores estudiantes de mi curso y del pueblo, ha acabado siendo un influencer promedio me dejó pensando en algo preocupante. Hace unas décadas, era raro el niño que de mayor no quería ser futbolista, y no pasaba nada porque todos tuvieran esas expectativas, porque casi ninguno lo conseguiría y con el tiempo elegirían otras salidas laborales más comunes y necesarias. Pero ahora los niños quieren ser YouTubers o Streamers, y en una época en la que todos estamos enganchados a las pantallas durante largas horas al día y podemos subir contenido libremente, no es una idea tan descabellada poder vivir de ello. Esto, sumado al enorme desprestigio que sufren trabajos esenciales como la albañilería, la agricultura o la ganadería, y las cada vez más precarias condiciones laborales de maestros, médicos y demás personal laboral, nos deja una sociedad repleta de influencers, pero carente de todos aquellos oficios que sostienen la civilización.

En mi opinión, urge un cambio de mentalidad en las generaciones más jóvenes, pero que veo bastante improbable en el corto plazo por los agravios que sufren los trabajadores por parte de la clase política. ¿Quién va a querer sufrir tales vilipendios pudiendo hacerte de oro compartiendo tus partidas a videojuegos, viajes por el mundo y fiestotes? Resulta desalentador ver como aquellos jóvenes prometedores acaban eligiendo dedicarse a nimiedades y fruslerías que ningún beneficio real aportan a la sociedad, porque cualquier trabajo normal está sujeto a la precariedad.

The Laundry Day de Natasha Tarasova

Y por desgracia, estas nuevas salidas laborales no son más que pozos de hedonismo, que en la mayoría de los casos sirven para retroalimentar ese modo de vida tan placentero, no para formar uno nuevo. Mi ex-compañero, por poner un ejemplo, tiene que seguir invirtiendo dinero y tiempo en viajes para mantener su trabajo, mucho tiene que ahorrar o ganar si en un futuro quiere formar una familia y tener hijos, algo que limitaría sus opciones o posibilidades de mantener su fuente de ingresos actual.

Hoy día la gente trabaja o para intentar sobrevivir, sin apenas posibilidades de prosperar, o como un fin en si mismo cuando este produce cierto placer, lo que hace que el trabajo sea en sí un sin sentido, un esfuerzo fútil. La estafa esta completa, el trabajo ha suplantado a la familia y a la comunidad como el objetivo vital primordial, en lugar de ser el medio para sustentarlas.

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