¿Es la soledad un destino inevitable?

Esperando la primavera de Haamin

De pequeña era una niña rara, tímida y afable, con un buen carácter que salía a flote si me buscaban mucho las cosquillas. Mi patio de recreo era la luna, mis mejores amigos los peluches que en ella habitaban, y todo lo demás un mundo ajeno del que evadirme. Mi paso por el colegio y por el instituto fue una guerra constante por defender mi individualidad frente a los pusilánimes que actuaban de una forma en privado y de otra con sus amigos. Y pese al haber asistido a dos colegios y un instituto de pueblos distintos, la historia siempre se repetía: yo era el bicho raro al que todos acababan dando de lado.

La etiqueta de bicho raro siempre la he llevado con orgullo, para mi nunca fue una opción ocultar mis intereses e inquietudes, incluso cuando la gente que me rodeaba hacía palpable su rechazo. Y al final, al salir del instituto pasó lo que tenía que pasar: ni mis «amigas» ni yo quisimos mantener el contacto. Para ellas yo era alguien a quien no comprendían y que usaban como último recurso cuando no podían contar con nadie más. Para mi ellas eran las harpías que, cada dos por tres y de la nada, lanzaban sobre mi sus comentarios pasivo agresivos sin venir a cuento, solo porque no estaban de acuerdo con los ideales que yo había empezado a desarrollar en bachiller.

En la carrera la cosa cambió, aunque seguía siendo un bicho raro, estaba mucho más normalizado y nadie me rechazaba por ello. Durante unos meses incluso tuve un grupo de amigos en el que realmente me sentía en donde debía estar, aunque no tardó mucho en disolverse. Y tras esto y mi graduación, llegamos a la situación en la que me encuentro desde hace unos años: sin amigos con los que realmente contar. Esto además se extiende a mi ámbito familiar, pues mi familia nos ha dado de lado a mi madre y a mi, y nosotras, pese a no llevarnos mal, tampoco es que nos llevemos genial.

¿Y donde han quedado los pretendientes? Pues más allá de los latinoamericanos que me hacían grooming siendo menor, un chaval que ligaba inventando historias lacrimógenas para dar pena y un par de hombres vestidos de mujer, no hay mucho más, algún que otro chaval buscando un rollito de una noche y ya. Ni he tenido ninguna cita romántica, ni me he estado besuqueando con nadie, y mucho menos tenido trato carnal. Y nunca le he dado mucha importancia ni he tenido prisa, pues tengo claro que mejor sola que mal acompañada.

Spring Cottage de Brooklyn Swenson

Pero con el cumplir de los años y tanta monotonía, he llegado a un punto donde quizá debería abandonar la pasividad con la que he tratado mi vida social y empezar a ser más proactiva. Si antes sentía que tenía tiempo para todo y que ya me surgirían las oportunidades, ahora soy más consciente del paso del tiempo y como lo estoy perdiendo por no saber aprovecharlo o por quedarme tan cómodamente en la luna donde he construido mi vida. Y quizá, si no salgo de aquí pronto, la soledad jamás será una opción real, sino un destino autoimpuesto por cobardía del que no podré salir.

Me gustaría volver a tener amigas con las que poder quedar, tomar un café o colacao mientras nos contamos nuestras vidas y chismes, ir a la playa o hacer un picnic a un parque, ver una película o criticar a alguien que conozcamos. Un contacto humano que no me haga sentir como un duende solitario viviendo en lo profundo del bosque.

Y me gustaría poder experimentar el amor alguna vez, conocer a un hombre que me quiera con mis rarezas, virtudes y defectos y al que poder corresponder de la misma manera. Que nuestros orgullos impetuosos cedan de un lado y de otro y aprendan a convivir en armonía, compartir una idea de futuro e intentar construirla, aunque el sendero sea sinuoso y lleno de baches. Empezar una familia y cuidar, educar y mimar a nuestros hijos, y que estos puedan enorgullecerse y considerar a sus padres un modelo a seguir.

Y sin embargo, esto último parece ser un imposible en nuestro día a día. Mi generación se encuentra perdida en un mar de hedonismo y nihilismo, solo busca placer fácil y emociones fuertes como parche para una vida vacía y sin significado. Y el que tiene claro que le gustaría formar una familia y dejar como legado la continuidad de los suyos, se ve ante la imposibilidad económica de fundar ese porvenir. La humanidad ha vivido tiempos difíciles en la mayor parte de su historia, pero creo que ahora es uno de esos momentos en los que la esperanza de un futuro más prometedor es cada vez más agónica.

Baby's Breath de Carriedraw