El sueño de una noche de verano
Y sí, tanto en el cine como en la literatura, tengo preferencia por obras que tienen ya una edad. Hoy día cuesta encontrar una buena obra entre tanta morralla que sacan con tal de hacer fortuna, cual dragón recolectando oro, u ocupar estantes de novedades cual pavo real. El arte ha perdido todo valor artístico y humano en pro de la productividad y la atención de zurumbáticos sin pensamiento propio.
En la búsqueda de películas de mis décadas favoritas, he encontrado un buen número de joyas, y hoy me ha tocado ver la película de El sueño de una noche de verano de 1999, el mismo año en el que nací. ¡Que fantasía! Al principio me ha chocado un poco los versos de Shakespeare con una ambientación de finales del siglo XIX, pero una vez que me he acostumbrado ha sido una delicia.
La escenografía era, sin lugar a dudas, sacada de un sueño. Me he quedado prendada del lecho de Titania, que queda suspendido en el aire con un sistema de poleas y cuerdas de las que brotan frescas flores y verdes hojas, y de su corte mágica de criaturas. El vestuario es una maravilla, ojalá la sociedad volviera a normalizar vestir con tal elegancia en el día a día y pasearse en bici en un bosque profundo lleno de hadas, raíces y baches con los que tropezar.
Ha resultado ser una buena época para ver esta película, aunque donde vivo, el estío no es un momento demasiado agradable y de naturaleza tan viva, sino que todo está mas seco y yermo hasta las primeras lluvias del otoño. Si no tienes la mar cerca de casa para refrescarte con su brisa y sus aguas, o una piscina o sustituto, lo mejor es quedarse en casa con persianas bajadas cual ogro en su morada. Recién acabo de regar el jardín de mi casa, que tan evidente hace su sufrimiento, pero con el grifo de la manguera estropeado y teniendo que regar a cubazos como antaño lo hacía mi abuela, hay noches que me escaqueo de tal labor.

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